20 de marzo de 2015

Sobre mi sábana

Tras nueve meses en convalecencia, cambié mis días por los tuyos. Algunas curaciones exigen sangre.
En un encuentro, el fantasma de su ausencia se desvaneció, optando por dejar una mancha en la sábana que, como magia, también se desvanacería.
Qué más daba la duración. Imposible pensar en el tiempo cuando llegaba el día de adelantar el mañana.
Intercambios cortos de miradas mientras el calor me daba un pretexto para volver a confundirme y aceptar que la sobreinterpretación regala pretextos para inventar metáforas de albercas llenas y vacías: cuando hace mucho mucho calor, lo más sensato es meterse a nadar; si no hay suficiente agua, el dolor posterior al salto permite llenar las cosas con agua salada.
A la distancia, una espuma misteriosa me recordó que el anquilosamiento era cosa de la imaginación; que, con suficiente imaginación, todo tiene remedio.
Y sí, algunas curaciones, recordé, exigen sangre. Retornos cíclicos.
¿A dónde me llevaría este nuevo baile horizontal?
Con la ventaja de quien espera poco para llegar a una meta indefinida, la invité a salir para entrar. Sin pensar demasiado, dijo que sí.
Reanudé mis instintos más solitarios en el confinamiento que me regaló su tranquilidad.
Me quedé a la mitad: leí un gesto misterioso, algo así como que quería más y no supo cómo pedírmelo.
Tampoco supe cómo seguir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada