17 de junio de 2012

Baile

De aquí para allá. Moverse sólo lo necesario.
¿Qué hay en el espacio que sustituye los libros que no tienes? Hay belleza disfrazada de azar; un baile romántico, rítmico y cadencioso: perfecto en su imperfección. Algo nuevo que todavía temo conocer. Hay palabras que no hemos leído; palabras que, tal vez, no se han escrito todavía.
Primero ver de lejos para averiguar si sería posible entenderte y que me entendieras; acercarme. Después observar de cerca para atestiguar la posibilidad de evitarlo; seguir. Seguirte entonces con la mirada y con las manos para confirmar que nos habíamos entendido; tocarte.
No pasó mucho antes de que pudiera voltear hacia el estante en el que, supuse, encontraría una historia diferente, letras que permitieran encontrar un rumbo nuevo. Fue precisamente en su ausencia en donde encontré la respuesta. Me di cuenta de que esta vez el rumbo no estaba trazado: tendríamos que dibujarlo con las manos en el aire, al tiempo que las piernas se movieran siguiendo el ritmo de otra canción.
"Dibuja algo, lo que quieras", me dijiste en el aire. Podía ser un cuadrado, o un círculo, o cualquier cosa, pero pensaba sólo en mis piernas y en el contacto con las tuyas. Así dibujé una idea que todavía no sé cómo —ni si— he de tocar.
Ahora, una vez más, dormimos juntos por primera vez. Ahora, todavía, despertamos y nos vemos tímidamente a la cara. Esa es la historia que, hábilmente, hemos ido escribiendo. Es el espacio que llena lo que en los libros no encontré.
Es mover un pie y luego el otro, pero sin perder de vista las manos. Es bailar.

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