4 de mayo de 2012

A veces te extraño, Cubana

Es poco lo que cabe cuando tú. Tú, que todo lo atraías, hasta mi verdad. Lo que era yo solo, lo que éramos juntos, lo que no pudimos ser. En ocasiones me acuerdo de ti.
En tu redondez metafórica y, sobre todo, práctica. En lo que absorbías, voraz. En tus ideas elocuentes, carentes de sentido sin alguien que se lo diera; a veces era yo. En tu voz y en lo que hacías con ella. En lo que hacías con la mía. A veces te extraño, Cubana.
Un salto y luego otro, incluso antes de terminar de dar el primero. A eso me recuerdas, al salto que se da en el aire esperando subir un poco más, olvidando la imposibilidad de impulsarse en el aire. Me recuerdas a lo que se quiere hacer mientras se hace algo más; a la fantasía de llegar a un lugar mientras se está en otro; a lo que se gana perdiendo. Me recuerdas, Cubana, a la locura que se consigue compartir. La nomenclatura de lo innombrable: un caso especial que no se repite. Eso, tal vez; me recuerdas a lo que no se repite.
¿Me recuerdas? Me pregunto a qué me refiero cuando digo que te extraño. Porque no te extraño a ti: extraño lo extraño. De tu sonrisa (pensaba apenas en ella, para encontrar algo imperfecto), de tu boca (por pensar en algo completo) de tus cejas (algo estético), de tus ojos (sabor miel), de tu risa (total, como el principio; condescendiente, como el final), de tu piel (a prueba de presión), de tus senos (compactos, simples y completos), de tus piernas (que, de a poco, subían poco para llegar a mucho), de los dedos de tus manos (como dedos de pies estirados), y de los dedos de tus pies (acuáticos). Me acuerdo de tu cuerpo, Cubana, del sentido que le daba a mis pensamientos desastrosos. Me acuerdo de tu desastre, Cubana, del sentido que le daba a mi cuerpo. Recuerdo lo que no debería recordar en un día que, a todas luces, habré de olvidar.
Porque, de vez en cuando, te recuerdo. Los momentos en que haces ruido y decido escucharlo. Las canciones que suenan duro haciendo a un lado el miedo. La verdad. Porque estás ya lejos. Vas ya formando parte del grupo de quienes algún día configuraron mi vida y que hoy se desvanecen.
Pero es que de pronto te veo. Sentada; inaccesible ante cualquier minucia. Parada; aguantando, estoica, alguna piedra insoportable. Pidiendo mucho, cediendo poco; dándolo todo con la vaga esperanza de que lo que algún día pudo regresar se quede guardado en algún lugar: un sueño. A veces sueño contigo, niña; sólo a veces. Solo.
Corre ahora. O navega. Vuela, si sabes. Nada, si puedes. Decide, canta, amplía, mueve, pregunta. Conoce, pero duda. Crea, pero corrige. Haz, pero cambia. Habla, pero guarda silencio primero. Termina de arreglar lo que no se puede: construye. Da pasos cortos: llega lejos. Fluye.
Salta, en el aire, después del salto. Haz algo extraño.
Extraño.
Porque a veces te extraño, Cubana.

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