6 de septiembre de 2011

Lo que perdí

Lo que perdí no lo perdí por ti. Acaso en tu compañía he ganado. Necesito reconocer una absurda necesidad: buscar la mejor forma de lastimarme. No, no fuiste tú quien me hizo estas heridas.
Sangré de noche para no hacer mucho escándalo; lo malo fue que al día siguiente las manchas se hicieron evidentes, no supe cómo ocultarlas. Después vinieron las cicatrices y los lamentos. Y no, no fue tu culpa.
Ahora que estamos solos, rendidos y en calma, necesito recordar de dónde es que viene la manía, la poesía, tu un beso, tus diez dedos, mi nada, tu todo. Porque ahora reflexiono sobre lo que perdí. ¿Por qué fue que le aposté todo a un sueño inexorable? Lo olvidé al despertar.
Y tu aliento lo hacía todo más húmedo y sensible. Por eso te respiré. Lo que perdí ya se fue y quizás nunca más regrese. Tengo que ver ahora qué es lo que me queda.
Y así, siempre, dentro de todo lo que se puede perder, olvidar, deshacer y romper, lo que me queda, lo que disfruto, lo que hace que ya no todo el tiempo duela, eres tú.
Lo que perdí para encontrarte. Sin dejar de buscarme, lo que encontré. 

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