8 de septiembre de 2010

Un significado

Porque su inteligencia no se parece a la de los demás: con una desinhibida precisión aleatoria marca, palabra a palabra (algunas veces), gesto a gesto (otras tantas), sonido a sonido (algunas más) y respuesta a respuesta (casi todas) su propio ritmo. Pero sin querer, a veces, y calculando los momentos de entrada sólo con la pauta brindada por sus impulsos azarosos. Y es ella, y lo que dice, y cómo lo dice, y cuánto lo dice. Le gusta hablar —lo hace— y hacer —lo dice—.
Le hablé, por fin, del tren. Por primera vez a ella. Quería conocer, después de la ausencia, la opinión del sueño que se repite. Y si con el presente no se juega, ¿qué habría querido decir su regreso? ¿Y el mío? Poco más que azar, poco menos que casualidad.
Y me dice lo que significa como nadie lo había hecho. En un buen momento —el peor para estar, el mejor para escuchar—. Y cuánto me lo dice. Pero a la luz de la interpretación consigo entender más: otros sueños, otros elementos, otras recurrencias.
Ahora tiene un significado. Moverme y que nadie me vea, comenzar a caminar, desapercibido, sólo para tomar vuelo y empezar a correr, ignoto ya, así despegar el vuelo, absolutamente desconocido, y no despedirme de nada mas que con la desaparición final

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