10 de mayo de 2010

Hipomanía

Pude. Sin poder parar, pude. Pero ya hace mucho de eso.
Y si es el cerebro de adentro o el de afuera, no sé; pero ocurre en algún lugar.
Confianza, creatividad y energía. Y, así, como llegan, toda la energía, toda la creatividad y toda la confianza, se van. Algo dejan, sin embargo. Si es el cerebro de afuera o el de adentro; no sé. Algo dejan en los dos, sin embargo; toda la creatividad, y la confianza. Y la energía.
Y ahora —porque es justo ahora— que ni enérgico ni creativo ni confiado lo recuerdo, me gustaría volverlo a leer. Porque es así como podría ser el cerebro de afuera, leyéndolo. Y entonces —no ahora, después de leerlo— qué enérgico, qué creativo. Aparte, qué confianza.
¿Sirvió? Dicen —ellos, los que sí saben, los que sí estudian, los del cerebro de afuera— que sí, que un poco. Digo yo, que alguna vez tuve el cerebro adentro del cráneo y que lo intenté sacar (por eso me acuerdo) que sí, que sirvió tanto que quiero más.
Habría que empezar con confianza.

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